ROSA DE TURBULOS
Era una reina de raza
maya,
era en un bosque de calisaya,
y era la aurora. Daba el
bulbul,
sobre mi estrella su melodía,
y en los laureles que enciende el
día
daba mi alma su grito azul.
Crepusculares moscas de oro
abren
su vuelo como un tesoro,
bordoneando con el calor.
Aroma el árbol de la
canela,
y en el potrero se desconsuela
una vihuela de
payador.
Indios que el tiempo cuentan por lunas
guían su esquife por
las lagunas,
y por las selvas profundas van
ciervos y tigres. Sobre las
lomas
eran los toros, y las palomas
bajo los vuelos del alcotán.
El
lago canta versos solares,
y ondula la onda con malabares
juegos de luces,
su indo chaúl.
Arduos jinetes como centauros
riñen combates contra los
sauros
en la armoniosa ribera azul.
Y las pirámides con
escrituras
de arcanas lenguas, y signaturas
de rudos soles, su sombra
dan.
Y va graznando con negro vuelo,
por la turquesa magna del
cielo,
el zopilote de Yucatán.
Entre las grietas de la
pirámide
deja la sierpe su verde clámide,
y se hipnotiza frente a la
luz.
Sobre las piedras con jeroglíficos
hace sus largos sueños
científicos:
en la cabeza tiene una cruz.
Vuela la hamaca con ritmo
lento,
las rosas frescas se dan al viento,
suelto en la fronda vuela el
faisán.
Se enciende el día, la selva aroma,
la hamaca vuela, la niña
asoma
un pie de oro bajo el fustán.
Mi reina maya languidecía
sobre
la hamaca. Dorando el día,
era dorada bajo el hipil,
se abanicaba con una
rosa,
decía su hamaca, con cadenciosa
curva de opio, versos de
Abril.
Rojos claveles prende en la rolla,
rojos corales al cuello
enrolla,
rojo pecado sus labios son,
y sus caderas el anagrama
de la
serpiente. Con roja llama
pintó su boca la tentación.
Era una reina de
raza maya,
era en un bosque de calisaya,
y era la aurora. Daba el
bulbul
sobre mi estrella su melodía,
y en los laureles que enciende el
día
daba mi alma su grito azul.