Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he
venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya
llegado.
Cuando miro los años que he pasado,
la divina razón puesta en
olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal
precipitado.
Entré por laberinto tan extraño,
fiando al débil hilo de
la vida
el tarde conocido desengaño;
mas de tu luz mi escuridad
vencida,
el monstro muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria, la
razón perdida.
Lope de Vega